El cerco de Numancia (4)
de Miguel de Cervantes
Concluimos hoy el resumen de la tragedia de Cervantes con la Jornada Cuarta, donde los romanos contemplan impotentes como los numantinos han elegido su propio destino de libertad.
Jornada Cuarta
Escena I:
En medio de la noche, el sonido estridente de las armas despierta a Cipión, Jugurta y Gayo Mario. "¿Qué es esto, capitanes? ¿Quién nos toca al arma en tal sazón?", pregunta Cipión, sobresaltado. Quinto Fabio irrumpe con la espada desnuda, informando que dos numantinos han desafiado al campamento romano. Estos guerreros, saltando el foso y la muralla, atacan las primeras guardias con furia, llegando hasta las tiendas de Fabricio y matando a seis soldados. "No con tanta presteza el rayo ardiente pasa rompiendo el aire en presto vuelo [...] como estos dos por medio de tu gente pasaron", describe Fabio, enfatizando la velocidad y ferocidad del ataque.
Fabricio y Horacio quedan gravemente heridos, y Olmida pierde un brazo. Los numantinos, tras conseguir algo de bizcocho (*), se retiran, muriendo uno de ellos en la huida. Cipión, impresionado por su valentía, reflexiona sobre qué tan peligrosos serían los numantinos si no estuvieran hambrientos y sitiados.
En la desolada Numancia, se escucha de nuevo el toque de armas. Morandro, herido y cubierto de sangre, entra en escena con una cestilla de bizcocho ensangrentado. Llama a su amigo Leoncio, lamentando su pérdida y preguntándose si ha muerto por ese pan. "¿Que es posible que ya dan tus carnes despedazadas señales averiguadas de lo que cuesta este pan?", se lamenta Morandro. Lira aparece, llevando ropa para quemar, y Morandro le explica que ha cumplido su promesa de conseguir comida, aunque a un costo terrible. Le ofrece el pan ensangrentado, simbolizando el sacrificio de dos amigos por amor. Morandro muere en los brazos de Lira, quien se conmueve profundamente.
En ese momento, el hermano de Lira entra en escena desmayado, declarando que sus padres también han muerto de hambre y que él también está a punto de morir. Le dice a Lira que ya no puede comer el pan, y muere. Lira, desesperada, se ve rodeada de muerte y considera el suicidio: "Primero daré a mi pecho una daga que este pan, que a quien vive con afán es la muerte de provecho". Una mujer huye de un soldado numantino que intenta matarla, pero Lira interviene, ofreciéndose como víctima en su lugar. El soldado, conmovido por su belleza y piedad, se niega a matarla y se ofrece a ayudarla a dar sepultura a su esposo y hermano.
Escena II:
Una mujer armada, representando a la Guerra, acompañada por el Hambre y la Enfermedad, se presenta como la fuerza destructiva que asola Numancia. La Guerra declara su intención de usar a los romanos como instrumento de destrucción, aunque predice que el valor hispano prevalecerá en el futuro. La Enfermedad lamenta que el Hambre ya haya hecho gran parte del trabajo, debilitando al pueblo numantino. El Hambre describe la desolación de la ciudad, con incendios, lamentos y muerte por doquier. Familias enteras se destruyen entre sí, prefiriendo la muerte a la esclavitud.
Escena III:
Teógenes afila su espada para matar a su familia, buscando una muerte honorable. Se dirige a su familia, explicando que prefiere matarlos antes de que caigan en manos de los romanos. Su esposa acepta su destino, pidiendo morir en el templo de Diana. Un hijo de Teógenes, que tiene hambre, pide comida a su madre antes de morir.
Dos jóvenes, Variato y Servio, intentan huir. Servio, debilitado por el hambre, no puede seguir a Variato, que decide buscar refugio en una torre. Teógenes aparece con las manos ensangrentadas y dos espadas. Servio huye, mientras que Teógenes, lamentando la muerte de su familia, ofrece sus servicios a los numantinos para que lo maten. Teógenes pide morir a manos de sus compatriotas, como si fuera un romano, ofreciendo una de sus espadas, y pide que quien lo mate, entregue su cuerpo al fuego. Un numantino acepta el desafío, declarando que esta es la voluntad del destino, y juntos se dirigen a la plaza para cumplir su pacto de muerte.
Escena IV y última:
Cipión, preocupado por el silencio en Numancia, ordena a Gayo Mario que suba al muro para investigar la situación. Gayo Mario descubre un lago de sangre y cuerpos por las calles de Numancia, y le informa a Cipión que no hay nadie vivo. Cipión ordena a Gayo Mario que salte dentro de la ciudad, y luego a Jugurta también, mientras que Quinto Fabio afirma que los numantinos se han quitado la vida para evitar ser capturados por los romanos. Cipión lamenta no poder llevarse a un numantino vivo para su triunfo en Roma, y reconoce el valor de los numantinos, lo cual hizo necesaria su estrategia de asedio.
Gayo Mario regresa, describiendo la destrucción de la ciudad, convertida en un lago de sangre, y cómo los numantinos se han matado entre sí, con Teógenes arrojándose a una hoguera en el centro de la plaza. Gayo Mario lamenta que no haya un solo numantino vivo para que Cipión pueda ser informado sobre el motivo de este acto final. Cipión, reflexionando sobre la crueldad de la escena, afirma que está dispuesto a perdonar a los vencidos, aunque no haya podido hacerlo en este caso. Jugurta regresa y declara que todos han muerto, excepto un muchacho que vio en una torre.
Cipión, ansioso por tener un prisionero para su triunfo, ordena que traigan al muchacho con vida. El muchacho, Variato, habla desde la torre, declarando que la ciudad ha sido tomada por la muerte y que él es el guardián de sus llaves. Cipión le ofrece clemencia. Variato, despreciando la clemencia ofrecida, afirma que prefiere unirse a la suerte de su pueblo. Quinto Fabio le pregunta si desprecia su vida, pero Variato se niega a rendirse al poder romano. Variato proclama que heredó de Numancia todo su valor, y que prefiere la muerte a la rendición, y finalmente se arroja de la torre.
Cipión, impresionado por el heroísmo de Variato, reconoce que su sacrificio ha arrebatado el triunfo a los romanos. La Fama aparece, anunciando que el valor de Numancia será recordado por siempre. La Fama declara que Numancia, aunque destruida, ha legado a España un ejemplo de valor y constancia: "Indicio ha dado esta no vista hazaña del valor que en los siglos venideros tendrán los hijos de la fuerte España, hijos de tales padres herederos". La tragedia concluye con la Fama afirmando que la historia de Numancia será contada durante siglos.
Os esperamos en el próximo artículo. En él, siguiendo el modelo del emblemático programa de José Luis Balbín, La Clave, reconocido por su libertad y nivel cultural, discutiremos, tras la "emisión" de la obra, los aspectos más relevantes que se desprenden de ella.
Blas Molina
(*) Este bizcocho no es el dulce que tomamos ahora. Su nombre viene del latín: bis –dos– y coctus –cocido–; hace mención a un pan deshidratado que se utilizaba en campañas militares o en largos viajes, pues se conservaba mejor que el pan fresco.