14 de julio de 1014
La realidad de la inmigración
Corría el mes de noviembre de 1999, cuando un niño cubano, Elián González, se hacía mundialmente famoso abriendo durante días los noticiarios. Elián había sido sacado por su madre de Cuba y ambos embarcaban en una balsa con destino a los Estados Unidos, con la única intención de buscar un futuro mejor y escapar de una dictadura comunista, algo perfectamente comprensible.
La madre de Elián y otras 10 personas fallecieron trágicamente durante el peligroso viaje a Miami. Elián, por su parte, sobrevivió a dicha travesía y fue entregado a las autoridades de los Estados Unidos, originándose un largo conflicto diplomático y judicial, que culminó con la devolución del niño a su padre, residente en Cuba. En resumidas cuentas, el asunto culminó de manera que prevaleció el derecho a la custodia de su padre, sobre las pretensiones de sus parientes norteamericanos que buscaron que se acogiera al principio legal del "dry feet" que otorgaba la posibilidad de solicitar asilo político a pesar de haber entrado de manera ilegal.
Este caso viene a colación porque uno tendrá todos los defectos que tenga, pero tiene buena memoria y recuerda a la perfección como la izquierda española, en su totalidad, se alineó sin fisuras con la postura de que debía prevalecer el interés de la familia más cercana, en este caso el padre, frente a cualquier otro argumento.
Contrasta aquello con la postura que mantienen cuando los niños o menores de edad que entran ilegalmente en busca de una vida mejor, lo hacen en España, máxime si provienen no de la Cuba comunista, sino del continente africano. En realidad, la suerte que corriera el niño cubano como la que corren los menores no acompañados, en su inmensa mayoría magrebíes, les es indiferente: todo va en función del rédito electoral y político que puedan obtener, ya que en dicha materia son auténticos expertos.
Por dicha razón, es conveniente recordar una serie de aspectos cada vez que el debate sobre inmigración vuelve al candelero, máxime en un momento en el que dicho tema ha provocado la ruptura de varios gobiernos autonómicos, incluido el aragonés:
1° La realidad cuantitativa. Siempre que surge un reparto concreto de inmigrantes ilegales, los proinmigracionistas hablan del mismo como si fuese un tema limitado a unas decenas de personas cuando todos sabemos que, en realidad, se trata de un problema que han convertido en ilimitado y crónico que provoca cada año la entrada de manera ilegal de miles de personas.
2°- El asunto de la custodia. Todos los europeos que tenemos hijos sabemos que hasta que alcanzan la mayoría de edad, la responsabilidad de prácticamente todo lo que hacen es nuestra. ¿Acaso no compartimos en redes imágenes de personas, incluidas menores, que se hallan desaparecidos? ¿Nos entraría en la cabeza que si nuestros hijos menores apareciesen en otro país, los metieran en centros masificados y no se pusieran en contacto con nosotros? En consecuencia el más estricto sentido común debería llevarnos a pensar que ante la llegada de cualquier menor de edad de manera ilegal, lo que debe hacerse es llevarlo ante su embajada para que sea ésta la encargada de tramitar la búsqueda de sus familiares y repatriarlo.
3°- La discriminación del autóctono. Si como dicen los proinmigracionistas, desde Pedro J. Ramírez a toda la prensa "progre", desde el PSOE o el mismo PP, que todo este problema en realidad gira en conceder una oportunidad a unos menores. ¿Por qué debe establecerse con ellos una prioridad discriminando a los autóctonos? Según el diario El Español, el gobierno pagará 100 € al día por cada mena. ¿Tiene sentido semejante desembolso cuando la realidad es que cualquier joven español tiene verdaderas dificultades para emanciparse, alquilar, comprar una vivienda o llenar un depósito de carburante?
4° - El mito multicultural. La visión que los partidos, ONGs, medios de comunicación e incluso la que se difunde en las aulas sobre la inmigración descontrolada, presentándola como el adalid de la inclusividad, es rotundamente falsa, ya que oculta todos los inconvenientes que trae. Si esto no fuera así, no se entendería el problema del reparto. En otras palabras: si quienes ven en la llegada de dichos menores un cúmulo de beneficios para la economía y un enriquecimiento cultural, no se entiende que en vez de repartirlos por autonomías, no sea cualquiera de las gobernadas por la izquierda la que quiera acoger a todos y beneficiarse de dicho enriquecimiento.
5°- El drama humano. No debemos perder de vista el problema que supone la pérdida de vidas humanas en estas oleadas migratorias mediante un juego macabro que tiene tres principales culpables: sus gobernantes y familias que se desentienden por completo, las mafias que se encargan de traerlos y la legislación buenista que les plantea abiertamente la posibilidad de quedarse a quien culmina el "juego" y no pierde la vida en el trayecto.
6° El choque cultural. Una parte muy significativa de la inmigración proviene de África y del mundo magrebí. Practica por tanto una religión musulmana que en determinados contextos tiene una capacidad pasmosa para radicalizarse. Es decir, que estamos acogiendo un tipo de inmigración que sí se beneficia del sistema, pero no se integra en él, aunque pasen más generaciones.
7° El aumento de la delincuencia. Tenemos que partir de la base de que quien entra de manera ilegal ya está cometiendo un delito y por lo tanto, pasándose por el forro nuestra legislación. Se da un hecho radicalmente cierto como es que todos los países como Francia, Suecia o Bélgica que han permitido una inmigración descontrolada y masiva, han terminado por albergar un aumento significativo de los delitos, incluidos asaltos, asesinatos y violaciones.
8° La desprotección de nuestra legislación. Si como ocurre muchas veces, desgraciadamente, el gobierno es incapaz de defender a mujeres que se supone están protegidas en casos de violencia machista ¿Cómo van a protegernos a los demás de estos menas cuando contamos con la legislación más benévola del mundo en relación a los delitos perpetrados por menores?
9° El puro negocio. A nadie se le escapa el negocio que supone para las mafias del Estrecho el tráfico de seres humanos a los que ponen en riesgo real mientras la legislación buenista les completa el ciclo y el viaje. ¿A nadie se le ha ocurrido pensar que si se destinan determinadas partidas presupuestarias a su llegada y a este proceso de reparto, esto puede estar ocurriendo porque para algunos es un negocio redondo?
En definitiva, vivimos tiempos muy convulsos y nada parece indicar que esto vaya a mejorar, sino todo lo contrario. No es momento de indecisiones, titubeos, ambigüedades ni medias tintas. Si importamos tercer mundo y sin control, ineludiblemente vamos a terminar convertidos en ese tercer mundo del que dicen huir. O nos unimos para poner freno a este descontrol de una vez, o mañana será demasiado tarde.
José Luis Morales