2 de marzo de 2025

Un cambio radical

Son numerosas las veces en las que desde nuestra asociación TAS RAÍCES, hemos manifestado que nuestro proyecto, por modesto que este sea, no sirve a intereses meramente partidistas, sino a una defensa a ultranza de nuestra historia, cultura y tradición unido a un fervoroso anhelo de justicia social y de máximo respeto a una religión, la católica, vinculada a la misma esencia de España.

Es obvio que vivimos tiempos difíciles que a todos nos ponen a prueba. Sin embargo, pensar, por muy bienintencionado que sea, que los problemas que nos aquejan, pueden solucionarse con un mero cambio en los gobiernos, sin que cambien, no ya el sistema, sino muchas estructuras del mismo, es una manera de autoengañarse, aunque también es cierto que no hay mayor ciego que quien no quiere ver.

Que lo que sale reflejado en las urnas, cambia poco las cosas en lo sustancial, es algo que podemos comprobar solo con pensar mínimamente. No tenemos más que ver la paradoja de las últimas elecciones en Alemania. Hartos del desastre que ha organizado el gobierno socialdemócrata, el electorado alemán ha virado a la derecha y lo primero que ha anunciado el líder conservador es su intención de buscar un entendimiento con el partido perdedor. Para ese viaje, está claro, no eran necesario alforjas. O baste también recordar que el PP cuando gobierna, no cambia ni un ápice las leyes que impone el PSOE.

Desde nuestra asociación abogamos por un cambio que debe ser mucho más profundo. Un cambio, en línea con lo que, el injustamente perseguido Pedro Varela, ha manifestado como la necesidad de un hombre nuevo, un hombre que sustituya a ese hombre moderno, tan afanoso en ese cambio radical que ha tirado por tierra los valores de la tradición.

Como los males nunca vienen solos, a esta sociedad sumisa, cobarde y pusilánime, solo le faltaba que la guinda la pusiera la misma jerarquía católica. Mal camino llevamos cuando esa obsesión y preocupación por lo puramente material, alejado de cualquier ideal, incluido el espiritual, impregna hasta las actuaciones de quienes dirigen las riendas de la iglesia. Ya nos advirtió Benedicto XVI sobre el arrinconamiento al cristianismo que infligía la mundanidad radical, cada vez más visible dentro de la oficialidad del catolicismo.

En una insólita decisión, aunque cada vez menos extraña en estos tiempos, el arzobispo de Zaragoza, Carlos Manuel Escribano, emitía una circular en la que anunciaba que el próximo 5 de marzo, fecha en la que comienza este año la cuaresma con el miércoles de ceniza, concedía dispensa de ayuno y abstinencia en la capital aragonesa, al coincidir con la festividad conocida como la Cincomarzada.

Para quienes no conocen el contexto de dicha fiesta, simplemente mencionar que el principal periódico aragonés, Heraldo de Aragón, la define como "la mayor fiesta laica" de España. Es decir, que el arzobispo antepone la celebración laica sobra la religiosa, suponemos que por ese estúpido complejo de intentar quedar bien con todo el mundo, algo que choca frontalmente con la misión encomendada a la Iglesia.

Pero el problema no es solo el que anteponga una fiesta laica a la santificación de un miércoles de ceniza. Lo que es inconcebible y lamentable es que esto se haga para favorecer una fiesta donde se conmemora un episodio fraticida ocurrido el 5 de marzo de 1838, en el contexto de la Primera Guerra Carlista, que acabó siendo decretado festivo a principios de los 80 aupado como reivindicación de la izquierda.

Mienten, por lo tanto, aquellos medios que nos presentan la Cincomarzada como la victoria de los zaragozanos sobre los carlistas. Tal y como recoge en un artículo "Anotaciones de pensamiento y crítica", quienes se enfrentaron fueron miembros de la Milicia Nacional, ejército partidista al servicio del radicalismo liberal, sin vínculos familiares con Zaragoza, frente a carlistas aragoneses, muchos de ellos zaragozanos y de otras localidades cercanas.

Cabe también la posibilidad de que el arzobispo, al parecer poco conocedor de nuestra historia, ignore por completo que miles de carlistas, dignos sucesores de aquellos derrotados en la Cincomarzada, arriesgaron su vida y muchísimos la perdieron, con el fin de evitar que el bando republicano, exterminase por completo a los católicos.

Por ello, para aquellos que todavía apostamos por el amor hacia España y todo lo que nos une, el trabajo de cada militante es esencial, dando a conocer nuestra historia, manteniendo nuestras tradiciones y batallando para evitar que este repugnante relativismo moral y ensalzamiento de la ignorancia, impregne cada uno de los rincones de nuestra nación, incluidos seminarios y parroquias.


José Luis Morales