30 de marzo de 2025

Espíritu guerrero

Decía Jean Thiriart, para quien la Europa de la segunda mitad del siglo XX, ya se deslizaba de manera irremediable por el sendero de la autodestrucción, que nadie se presentaba en Maratón o Salamina con un ejército de consumidores, criticando con firmeza esos nuevos "valores" que comenzaban a imponerse en occidente.

Thiriart era un europeísta absolutamente convencido, así como también lo era Dominique Venner, autor de "El Samurái de Occidente", pero nada tenían en común con los actuales dirigentes de la UE, a quienes recientemente se ha sumado el nuevo primer ministro británico, Keir Starmer, dispuesto a encabezar, emulando pretéritas empresas coloniales, la ofensiva bélica occidental, a pesar de que decidieron desentenderse de la misma UE hace muy pocos años.

De la noche a la mañana, políticos como Van der Leyen, Borrell o Macron, toda una camarilla instalada en el poder, cuya sumisión absoluta a los dictados del globalismo, los han hecho incapaces de tomar una sola medida que pudiera ser tildada de positiva para el común de los europeos, están abogando por un discurso belicista tan estúpido como hipócrita, empeñados por activa o por pasiva, en mezclar a toda Europa occidental en una guerra contra el "enemigo ruso" que, en realidad, por estas tierras, ni está ni se le espera.

Todos estos politiquillos que juegan a grandes estadistas, provistos de una mente estrecha pero con un amplísimo sueldo, han hecho de la mentira, el alarmismo injustificado y el consiguiente sablazo al trabajador, una forma de vida suculenta, aunque nada loable. Como dice Marc Vidal, "la retórica del miedo es un mecanismo de control", algo que conocen muy bien estos burócratas de la UE, cuyo objetivo es el de tenernos mediatizados y sometidos eternamente a través del miedo: miedo ante una emergencia sanitaria, miedo ante una emergencia climática o ahora con el miedo ante una emergencia bélica.

Se da además la paradoja que mientras utilizan el alarmismo y el miedo para justificar un control sobre la población europea, es precisamente una alarmante falta de control la que desborda a diario nuestras fronteras y la que permite que individuos del Tercer Mundo pululen a pie por nuestras calles a pesar de ser una amenaza diaria.

También es necesario no perder de vista, que en esta sociedad tan sometida a lo inmediato y a la importancia desmedida que se le da a la imagen, hemos de permanecer alerta a cualquier maniobra de manipulación, escenificada, si es preciso, de una manera brutal que pueda inclinar la balanza a su favor en lo que respecta a la opinión pública. Me estoy refiriendo, por supuesto, a lo que se conoce como atentados de falsa bandera, máxime después del vuelco electoral que propició en España el 11 M que acabó por colocar a Zapatero en la Moncloa tras una magistral manipulación de aquel encantador de serpientes como era Pérez Rubalcaba. O estar atentos a la posible aparición del Gavrilo Princip de turno que pueda prender la mecha que necesitan quienes gobiernan para poder desencadenar una guerra a gran escala sobre territorio europeo.

En el colmo del esperpento, uno de los políticos más estrafalarios del europeísmo woke, Josep Borrell, tenía la desfachatez de manifestar que los europeos no solo teníamos que rearmarnos, sino recuperar la mentalidad del "guerrero". Sino fuera por la gravedad de sus pretensiones sería, como decimos por aquí, para tomárselo a chufla.

Así que, ante este estrambótico giro que han dado los políticos woke europeos, capaces de pasar del pacifismo a esta beligerancia impostada, no son pocas las cuestiones que se plantean para no hacernos un morrocotudo lío. Si al final, nos sumamos a la contienda ¿Saldremos también a aplaudir al balcón? ¿Habrá que ir vacunado al frente? ¿Se retendrá el dinero de quien se manifieste en contra de la guerra? ¿Se sustituirá el día de la paz en las escuelas por el del guerrero Borrelliano? ¿Los enviados a combate cumplirán con la brecha de género? ¿Habrá plazas de reserva para trans? ¿Afectará en alguna medida, a la huella de carbono? ¿Irán también al frente los pagapensiones con la misma facilidad burocrática que reciben papeles? ¿Desfilarán nuestros ejércitos al ritmo de la batucada? ¡Esto va a ser un sinvivir!

En lo que respecta a la guerra con Rusia, se trata de un conflicto absolutamente ajeno a los intereses de España. Nada se nos ha perdido por aquellas tierras, aunque quizá lo que se está escenificando no sea sino una burda campaña tendente a meternos el miedo en el cuerpo para justificar un gasto desproporcionado que habrá que investigar con posterioridad, para así saber quienes serán los beneficiarios directos e indirectos de todo esto, como suele ocurrir con esta casta política y ladrona, cada vez que la cifra en juego contiene muchos ceros a la derecha.

Está claro que no se puede entender esta UE decadente, sin la clase política que la dirige. Para colmo, a los españoles nos toca tratar de lidiar con todo este cachondeo, pero padeciendo la afrenta de tener en la Moncloa a un ególatra cuya naturaleza exige de una adulación permanente. ¿De veras pretende el gobierno que nos hagamos con una mochila de supervivencia y nos preparemos para un combate? ¿Estamos hablando del mismo gobierno que encarcela a un señor por defenderse a tiros de una panda de criminales en su propia casa? ¿Pero es que nos toman por soplapollas?

Si. Evidentemente los europeos necesitamos recuperar un espíritu guerrero. Recuperarlo, en primer lugar, para dirigirnos en masa, armados y hasta con antorchas, si se produce con nocturnidad, a las instituciones occidentales, Moncloa incluida, y echar a puntapiés a toda esta clase corrupta de "Frankenstein" que se halla al frente. Y a continuación, luchar contra la continua invasión que estamos recibiendo del tercer mundo por la vía de la inmigración desbordada, que es el verdadero caballo de Troya que tenemos dentro, con la complicidad de esta misma camarilla politica, corrupta y cobarde.


José Luis Morales