14 de enero de 2024
El dolor de cabeza es de ricos
El Circo Sánchez y sus Malabaristas del Verbo, que cuando sube la porra del malabarista jura que es cierta la misma cosa que niega cuando cae. El Circo Sánchez, con sus Acróbatas de la Contradicción que ahora justifican a los mismos terroristas de los que antes abominaban. Instaladas sus carpas en territorio nacional, carcomiendo como gusanos lo que se ve… y lo que no se ve de lo que nos queda de Patria.
Lo que se ve: en la pista principal, la vergüenza de salvar la poltrona a toda costa pactando más alimento para la carcoma separatista. Vendiendo retazos de soberanía al precio de un día más en ese poder prestado, sustentado por quienes le traicionarían ahora mismo por otra migaja del gran menú del Estado, igual que él les traicionaría a ellos si tuviera alternativa. Sus malabaristas llamando capacidad de negociación a ceder a los más bochornosos chantajes; sus acróbatas saltando del columpio secesionista al podemita/sumarita. Sus Tragasables devorando las críticas de los pocos críticos libres que quedan mientras sus Tragafuegos disfrazados de periodistas escupen lava y metralla contra todo lo que contradice al Gran Lider y su Agenda.
Pero ¿qué hacen cuando acaba la función?
Lo que no se ve: El autoproclamado “gobierno más social de la historia” sigue haciendo de las suyas. Desde mayo, aunque no nos hayamos enterado por los medios, el Ácido Acetilsalicílico ya sólo se puede comprar con receta médica. El Ácido Acetilsalicílico es el nombre genérico de la Aspirina, y Aspirina es el nombre comercial de la farmacéutica Bayer para el Ácido Acetilsalicílico.
¿Cuál es la diferencia? El precio, evidentemente. Depende de la farmacia, el genérico puede costar entre 1 y 2´50 euros la caja de 20 comprimidos de 500 miligramos, y Aspirina cuesta sobre los 5´50 euros la caja de 10. Dicho de otra manera, la marca es cinco veces más cara que el genérico.
Pero hay otra diferencia: el genérico ya sólo puede adquirirse con receta médica, pero la marca, a pesar de ser exactamente lo mismo, puede adquirirse sin receta. Si tenemos en consideración que la demora para que nos atienda el médico de familia (que es quien expide este tipo de recetas) es de entre 5 y 15 días, incluso un mes (si todavía tenemos médico de familia, porque hay quien ya no tiene), el resultado es que para cuando nos recibe el médico o bien ya se nos ha pasado el dolorcillo o hemos acabado en urgencias.
Lo mismo ocurre con otros medicamentos aunque desde hace más tiempo. Por ejemplo, el genérico Ibuprofeno (30 comprimidos, sólo con receta) sale por alrededor de 2 euros, mientras que Ibudol (de laboratorios Kern Pharma, 20 comprimidos, sin receta) cuesta sobre los 5 euros. La lista continúa con otros medicamentos como el Paracetamol o el Enantyum.
Es correcto, deseable y necesario que el Gobierno se preocupe por la salud de sus ciudadanos y restrinja el uso de determinados medicamentos que podrían afectar a su salud con un uso inadecuado. Pero aquí no se está haciendo eso. Si se ha de restringir el uso de un medicamento poco importa cuánto cuesta o si tienen o no marca: o se restringen o se permiten todos los que contengan el mismo principio activo. Así que lo que se está haciendo es que quien tiene dinero se automedica de inmediato, y quien no lo tiene se aguanta el dolor durante 5, 15 días o un mes hasta que le recibe su médico. Parecido a las restricciones de tráfico en el centro de las ciudades: quien tiene pasta para un híbrido puede circular, el obrero con su diésel no; y no acaba ahí el parecido: la mayoría de esos híbridos contaminan más que sus equivalentes en diésel, de manera que son tan perjudiciales para el medio ambiente como éstos, o éstos tan poco perjudiciales como aquellos.
Medicamentos con o sin marca, vehículos “eco” o de combustión, es todo casi lo mismo. La diferencia es quién puede y quién no acceder a ellos, y quién se lucra con todo esto. Y es que el dolor de cabeza, como la zona centro de tu ciudad, es sólo para ricos.
La siniestra Agenda sigue adelante.
Lucio