Editorial del 20 de noviembre de 2022
Soberanía contra globalismo:
Educación contra analfabetismo
Dado el grado de manipulación y de desinformación que padecemos en la actualidad, siempre manifestamos que la idea principal que marca nuestros tiempos viene dada por esa lucha entre quienes defendemos la soberanía frente al despotismo globalista. Perder de vista esta realidad puede llevar a no pocos equívocos.
No es menos cierto que si nuestras actividades van únicamente centradas en aspectos macropoliticos o de geoestrategia, a nivel muy general, estamos perdiendo la calle frente al principal brazo ejecutor del globalismo, que son los lobbies, partidos y organizaciones de corte marxistoide. En definitiva, que terminamos por perder el control de la calle por nuestra manifiesta falta de operatividad.
Un ejemplo de todo esto lo estamos viendo con las manifestaciones y movilizaciones de los sanitarios en Madrid, azuzados, por mucha razón que puedan tener, por una izquierda que en su estrategia de tensionar las calles, ha fijado su objetivo principal en el acoso y derribo de la presidenta Ayuso. Choca por ello, la falta de movilizaciones en otras comunidades que están no solo igual, sino incluso bastante peor, pero gobernadas por los "suyos".
Pero no es la rama sanitaria hacia la que quiero dirigir el editorial de hoy sino hacia la de enseñanza. Con la entrada en vigor de la enésima ley educativa, la LOMLOE, andan maestros y profesores embarcados en la tarea burócratica de adaptar las programaciones a esta nueva realidad, devanándose los sesos en cuadrar otro engendro legal en la realidad de unas aulas que nada tiene que ver con quienes impulsan estas leyes.
Es necesario comentar que desde nuestra asociación TAS RAÍCES, entendemos la política educativa como básica para el buen discurrir de una nación. Dada su enorme importancia, consideramos que las reformas educativas deben estar basadas en tres ejes fundamentales: el conocimiento, el esfuerzo y la disciplina.
Resulta imperativo aclarar esta visión, porque entendemos que una vez más, como viene sucediendo desde la entrada en el poder de los socialistas allá por el 82, esta nueva ley de novedosa tiene muy poco, ya que insiste en el mismo error que las anteriores: un rechazo frontal a la cultura, al mérito, al esfuerzo y al conocimiento en pos de un pedagogismo impregnado de ese pensamiento Alicia sobre el que nos advirtiese el filósofo Gustavo Bueno, tendente a interpretar la realidad de una manera bobalicona.
De esta forma, los docentes pierden horas y horas en tratar de ajustar con calzador esta ley que no solo no corrige errores anteriores sino que los acrecienta, cambiando la nomenclatura de las cosas, pero escondiendo así como quien no quiere, una nueva rebaja del nivel que termine por convertir los centros de educación en meras guarderías donde se premie la falta de esfuerzo igualando como siempre, por lo bajo.
La cuestión es ¿hasta cuando vamos a consentir los profesores y maestros que se nos use como conejillos de Indias, perdiendo horas en adaptar programaciones, metodologías, temarios y evaluaciones a los caprichos y modas del ministerio de turno? ¿Cuando llegará el momento en que nos plantemos de una vez?
Uno de los libros que elabora una mejor crítica contra el modelo educativo actual es "Contra la nueva educación" de Alberto Royo. En dicho libro, podemos encontrar múltiples ejemplos con los que estamos completamente de acuerdo. Cito literalmente algunos: "La izquierda hace tiempo que asumió la defensa de la idiotez y olvidó que la extensión de la incultura favorecerá siempre a las clases privilegiadas". Resulta evidente.
Lo triste es que encima no se den por enterados aquellos a los que se le llena la boca con la defensa de la educación pública. ¿Es que nadie en la izquierda es capaz de ver que esta rebaja continua del nivel, solo beneficia a las familias más acomodadas, que pueden permitirse colegios elitistas mientras condenan al resto de niños y jóvenes a un modelo que luego solo les permitirá ocupar puestos que requieran poca capacitación?
Dice también Alberto Royo: "Quizá los gobernantes quieran una sociedad en la nadie eche de menos el conocimiento, dichoso en la ignorancia, sin aspiración alguna de sabiduría (...)" Me permito añadir: quizá no, démoslo por seguro. Una manera de robarnos, con toda la intención del mundo, el conocimiento, la cultura, nuestra historia y el saber con el objetivo de crear masas de semianalfabetos que sean incapaces de manifestar una mera crítica contra el poder sencillamente porque se les ha hurtado un pensamiento crítico imprescindible para que una sociedad evolucione.
José Luis Morales