Editorial 36 de febrero de 2023

Liberalismo woke

En estos tiempos en los que tanto culto se rinde a lo moderno y a lo anglófilo, se denomina movimiento woke al formado por diferentes colectivos vinculados a la extrema izquierda de siempre, en su inmensa mayoría fanáticos y violentos extremistas, pero con ese barniz moderno que parece acicalarlos de cara a los demás.

Conviene precisar que dicho término en su origen se traduce como "despierto", haciendo referencia a toda una serie de personas en teoría comprometidas con los problemas del momento actual, aunque a tenor de su disfunción neuronal, no parece que "despierto" sea el calificativo más idóneo. No hay más que ver al propio presidente Biden.

En realidad, este apelativo o barniz woke no es más que el enésimo disfraz de un marxismo que maneja la propaganda a su antojo. A partir de ahí, engloban movimientos en apariencia diversos pero cuya característica común es la sinrazón y el odio militante hacia cualquiera que ose discernir: desde feministas radicales, movimientos lgtb, colectivos antifascistas, indigenistas, ecologistas, etc.

Ahora bien, tal y como viene sucediendo desde los años 60, todos estos disfraces que la extrema izquierda usa para insertarse en la sociedad sin mostrar su verdadera cara, que no es otra que la de la tiranía más absoluta, cuenta con la total protección y pleitesía del sistema liberal. En consecuencia, desde el momento en que el liberalismo ha abrazado el modelo globalista, al movimiento woke les ha abierto de par en par las puertas de la sociedad con el único fin de utilizarlos como ariete contra el más simple sentido común y en general, contra lo que representa la familia, la religión católica, el patriotismo o la identidad sexual, entre otros.

No tiene uno más que atreverse a asomar por las redes diciendo cualquier congruencia basada en el sentido común, para que de inmediato te salten a la yugular decenas de cuentas woke, la mayoría falsas pero manejadas por los profesionales de la manipulación, la mentira y el troleo.

Comentaré un ejemplo a modo personal: denunciaba recientemente en las redes la incongruencia que me parecía que el escudo de un club deportivo como el Real Zaragoza apareciese con el fondo arcoiris reivindicando los derechos de la comunidad lgtbi. Con toda la naturalidad y educación del mundo, argumentaba que me parecía algo innecesario ya que los colores del club, en este caso, el blanco y el azul, ya representaban a todos los seguidores de dicho club, sin discriminación alguna. Fue cuestión de segundos que apareciese una cuenta que por supuesto me insultaba y acusaba de fascista.

En ese sentido las redes son un completo caos donde conviene andarse con tiento. Umberto Eco citado por el profesor Alberto Royo en "La sociedad gaseosa" decía en una conferencia en Turín que las redes sociales permiten hablar a legiones de idiotas que hablaban antes solo en el bar, después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Si añadimos a esto la tendencia española de dividirnos siempre en dos bandos para enfrentarnos, entenderemos por qué los medios globalistas nos usan como marionetas, lanzando a diario disputas a cual más estúpida con el fin de tenernos entretenidos. Está claro que mientras la gente defienda o critique la última canción de la despechada Shakira, temas que nos afectan mucho más, pasan de puntillas, cuando no completamente desapercibidos.

De ahí, las paradojas, los sinsentidos y el mundo al revés diseñado por las élites financiero-globalistas y protegidas por la cerrazón, el fanatismo y la violencia de estos grupos de ideología woke cuyo verdadero sitio no debería ser la calle, los medios ni la universidad sino la cárcel o el psiquiátrico.

Como no tienen argumentos sólidos en los que fundamentar sus leyes y delirios, recurren ipso facto al típico insulto de fascista. Obviamente, lo usan con todo el propósito del mundo con el fin de denigrar al adversario. Pero también uno tiene la impresión de que no solo es una herramienta de ataque sino la simple defensa o recurso que cualquier tontaco woke tiene, incapaz de articular una línea de argumentación en su cerebro. Como decía Sócrates: "Cuando el debate se ha perdido, la calumnia es la herramienta del perdedor"

Por esa razón, manifestamos múltiples veces que esto no es una mera discusión política ni la consabida pugna entre derechas e izquierdas, sino una lucha del bien contra el mal que representa ese globalismo que pretende despojarnos de todo para dar rienda suelta a su malévola codicia.

Recurriré de nuevo a otro clásico para despedir el editorial de esta semana, adhiriendome a la frase de Tucidides cuando decía que había que escoger entre ser libre o descansar. La elección está clara.


José Luis Morales