16 de febrero de 2025
¿El fin de la guerra? y de Europa
No parece haberles hecho ninguna gracia a los dirigentes de la Europa occidental, las conversaciones entre Putin y Trump que pueden suponer el fin de la guerra de Ucrania. Cierto es que ningún acuerdo satisface por entero a todas partes y que tanto los lideres ruso y norteamericano defienden a capa y espada sus intereses. Lo increíble es la ingenuidad supina que muestran los mandamases de una UE que parecen despertar de un profundo y prolongado sueño.
Todo parece indicar que el actual inquilino de la Casa Blanca, en lo que respecta a ese gigantesco tablero mundial, quiere promover una estrategia diferente que otorgue prioridad a un escenario más cercano al Pacífico que a los Urales. Sea la razón que sea, la cuestión es que el fin de esta guerra inútil sobre suelo europeo es una buena noticia, principalmente porque no existe una alternativa mejor.
Para EE.UU. la guerra de Ucrania es un despilfarro evitable. Para rusos y ucranianos una sangría interminable que a largo plazo, solo puede ganar la Rusia de Putin. Evidentemente, Ucrania verá recortado su territorio, pero se ahorrará centenares de muertes inútiles ¿Alguien sabe de alguna guerra cuyo perdedor haya mantenido su territorio y soberanía intactos?
Así que, nos guste o no, los escenarios que se plantean son tres: el primero, el que resulte de la paz firmada por Putin y Trump que repetimos, nunca será satisfactorio para Zelenski; el segundo, continuar alimentando militarmente a Ucrania como hasta ahora, enquistando un conflicto durante años y aumentando los muertos por ambas partes hasta que colapse por completo el ejército ucraniano. El tercero es bastante peor, pero es por el que parecían inclinarse algunos líderes europeos, que ahora andan llorando su ninguneo: la conversión de dicha guerra en un conflicto mundial sobre territorio europeo similar a las guerras mundiales que asolaron al viejo continente en el siglo XX pero dotados de un armamento mucho más peligroso y mortífero que el de antaño.
Lo vergonzoso en todo este asunto sigue siendo el papelón que desempeña esta Europa occidental que, hasta la fecha, se ha comportado como un estúpido títere en manos de la administración Biden y del brazo armado del globalismo, la OTAN, metiéndonos en conflictos que ni nos van ni nos vienen, pero descuidando de manera escandalosa nuestras fronteras a merced de cualquier mindundi que se proponga pasárselas por el forro.
Por supuesto, los medios del sistema llevan varios días indignados, implorando y demandando la presencia de la UE en la mesa de negociación. ¡Hombre! A estas alturas ya tendrían que tener claro que si Rusia y EE.UU. no los han incluido es por la sencilla razón de que les consideran absolutamente prescindibles.
Y es que la Europa que otrora vio nacer, hacer o deshacer, a Fernando el Católico, Carlomagno, Bismarck, Napoleón, Felipe II o Julio César, entre otros, no es ahora más que una entelequia gobernada por una serie de títeres puestos a dedo por determinadas élites, incapaz de defender sus propios intereses. Como expresa muy bien Jorge García Contell, "lo peor del atlantismo es su permanente disimulo para ocultar que los países europeos no son aliados de los Estados Unidos, sino colonias, cipayos, mamporreros y, llegado el caso, carne de cañón".
De todos estos medios, hay algunos especialmente, que se llevan la palma y sobre los que incidiré brevemente: en primer lugar, el grupo Prisa al completo, portavoz oficial del PSOE, incapaz de reconocer esta apuesta trumpista por poner fin a una guerra, cuando ha sido capaz hasta de culpar a un partido en el gobierno del mayor atentado terrorista precisamente por su apoyo a otra, y en segundo lugar, a la cadena de la Conferencia Episcopal, la COPE, abiertamente pro Biden, como el PP, a pesar de su wokismo, y que anda indignada porque en dicho pacto, Trump, que para dicha cadena es el demonio, le estaría regalando parte de Ucrania a Putin. No tenemos más que echar un vistazo a la historia para comprobar que su admirado Churchill, a un régimen mucho más perverso que la Rusia de Putin, como fue la Unión Soviética de Stalin, le permitió ocupar no solo el Donbass, sino parte de Alemania, las repúblicas bálticas, Polonia, Hungría, Checoslovaquia, Rumanía y Bulgaria.
No obstante, la realidad es muy tozuda y una y otra vez, se encarga de dejar, con el culo al aire, al relato paleoprogre. Porque mientras Trump y Putin ya andaban preparando un plan de paz para Ucrania, el tontaco de Richard Gere, tan amigo de los belicistas Obama, Hillary, Biden y Harris, nos amenizaba en la gala de los Goya, manifestando que viene de un país donde "un matón es presidente". Lecciones tendría que darnos pocas. Máxime si viene de un país que antes de la llegada de Trump al poder, tenía esclavos hasta mitad del siglo XIX, no permitía a los negros los mismos derechos hasta la segunda mitad del siglo XX y ha estado mezclado en decenas de conflictos, guerras y golpes de estado en nombre de la "libertad".
Ese relato progre o woke, como digo, hace aguas por todos lados. Recientemente en Alemania se producía otro de esos "casos aislados" que de un tiempo a esta parte, son cada vez más frecuentes: un solicitante de asilo afgano se lanzaba con su vehículo, de manera intencionada en Múnich, contra una manifestación sindicalista, causando dos muertos, una niña de dos años y su madre, y una treintena de heridos, algunos de ellos en estado grave. Es la manera que tiene esa inmigración descontrolada y esa política de puertas abiertas a cualquiera, de agradecer a los sindicatos su constante criminalización de la llamada "ultraderecha". Solo que quien casi ha ocasionado una matanza no ha sido, por supuesto, un peligroso ultra, simpatizante de la AFD, sino uno de tantos morubes a los que dichos sindicatos protegen.
A la vista de lo que está ocurriendo en cada vez más puntos de occidente (ayer en Austria un sirio asesinó a cuchilladas a un chaval de 14 años en otro ataque), bien harían nuestros políticos en preocuparse más por la seguridad de los propios europeos en vez de ejercer de marionetillas de los poderes globalistas, y dejar de meternos en conflictos donde no pintamos nada.
Se da además la estúpida paradoja que toda esta morralla criminal extra europea que asesina de todas las maneras posibles, no atenta en los países que les niegan la entrada, sino precisamente en los países que les dan cobijo de una forma lamentable. Es la manera que tienen de agradecer ese estúpido buenismo que impregna nuestras leyes. Lo que está claro es que, de manera similar a como sucedió con ETA, los políticos harán caso omiso, catalogándolo como mal menor, mientras las víctimas no sean ellos. Absolutamente repugnante.
No le falta razón a Jordi Garriga, cuando expresa que "la Europa del siglo XXII será o una Grecia moderna con ruinas gloriosas, pobre y turística, o una Grecia clásica donde volverá a germinar otra civilización, entre batallas y desafíos trágicos". O como se citó en la última presentación organizada por nuestra asociación, Europa, o será cristiana, o no será.
José Luis Morales