1 de septiembre de 2024

Alto a la invasión

Era de esperar que ante la continua avalancha de inmigrantes que está teniendo lugar en estos meses de verano, los medios y fuerzas del sistema pusieran toda la carne en el asador y nos bombardeen estos días a todas horas publicitando los consabidos mantras que ese globalismo progre escupe, cada vez que se producen estas oleadas.

Estos mantras, repetidos miles de veces a través de su amplio despliegue de medios, no son sino el mismo rollo de siempre, resumido en tres aspectos fundamentales: 1° Justificar la llegada de inmigrantes con el fin de que paguen nuestras pensiones, 2°Justificar esa llegada masiva como solución a la despoblación en el mundo rural y 3° Negar la relación directa que existe entre la delincuencia y la llegada desbordada de inmigración a un punto concreto, aspectos todos ellos, que ya se han demostrado falsos.

Importante no perder de vista las declaraciones del Papa Francisco en relación a la inmigración, unas palabras en las que ha manifestando literalmente que el rechazo a los "migrantes" es un pecado grave y condenando la "militarización de las fronteras" a las que responsabiliza de las muertes en el Mediterráneo.

Cada vez que este Papa suelta este tipo de declaraciones, se hace muy difícil saber si estamos ante alguien consciente de lo que dice, pero que lejos de servir a la verdadera Iglesia, sirve al globalismo más puro y duro o quizá, estamos ante el Papa más calamidad de la historia de todo el catolicismo, incapaz de darse cuenta de que su discurso buenista y calcado del discurso progre, es un completo disparate a la vez que servil a un globalismo que no tiene precisamente a Cristo como ejemplo a seguir.

Y es que en el mundo occidental actual, no hace falta tener muchas luces para entender esa lucha que, en palabras de Fernando Paz, existe entre quienes queremos preservar una identidad europea, vinculada inequívocamente al cristianismo y por el contrario, quienes tratan de imponer unos determinados propósitos y agendas globalistas, uno de cuyos objetivos más siniestros es precisamente el de erradicar esas raíces cristianas Todo ello, mientras rinden vasallaje a la penetración de esa religión sin complejos como es el Islam, que ni tiene, ni tendrá jamás intención alguna de adaptarse ni de coexistir pacíficamente con otras creencias, salvo las suyas.

Por eso son especialmente tristes y lamentables las declaraciones del Pontífice, ya que toman partido de manera innegable por ese bando globalista, ofreciendo una sumisión vergonzosa e injusta hacia los enemigos de la iglesia. No es tampoco la primera vez ni el único aspecto, ya que no son pocas las veces en las que se ha pronunciado incidiendo en la Leyenda Negra indigenista o en ese mensaje catastrofista vinculado a un ecologismo, que pretende extirpar la idea de Dios, sustituyéndolo por ese extraño y ambiguo concepto de "planeta" que manifiestan los globalistas.

Por lo demás, el Papa, al margen de asumir ese discurso buenista pro inmigración, se comporta con el mismo cinismo que exhiben los políticos defensores de la acogida, acusándonos de pecadores a quienes nos oponemos, pero haciéndolo desde la seguridad que da un Estado Vaticano, blindado como pocos y por supuesto cerrado a cal y canto a las oleadas de inmigrantes extraeuropeos.

Tampoco debemos obviar que el discurso del Papa sobre la inmigración es radicalmente falso, bien por ignorancia o bien por embustero: No es la militarización de las fronteras la responsable de las muertes en el Mediterráneo sino precisamente la falta de dicha militarización y control de las mismas. Es ese infumable discurso buenista el que incita a miles y miles de africanos a arriesgar su vida y ponerse en manos de las mafias, la que provoca que un porcentaje de dichos inmigrantes perezca en el intento, mientras otros lo consiguen y son premiados.

También resulta curioso que para este tipo de aspectos, los políticos sí cuenten con la "España vaciada". La llegada a la localidad turolense de Mora de Rubielos de un grupo de 119 menas es un auténtico despropósito. Solo un necio puede defender que dicho numero elevado de inmigrantes llevado de la noche a la mañana a una localidad de 1600 habitantes se va a integrar sin problemas. ¿De verdad cree el Gobierno de España y el de Aragón que esos más de 100 menas se van a integrar en el pueblo sin afectar a la convivencia? ¿Ahora creen en los milagros? ¿Cómo pretenden convencernos de que van a ser capaces de integrarlos si ni siquiera son capaces de controlar esta desbordada llegada de pateras a diario?

Finalizamos este editorial denunciando que la Delegación del Gobierno en Teruel ha prohibido la concentración de protesta en Mora de Rubielos, vulnerando un derecho constitucional como es el de reunión. La caza de brujas continúa y bajo ningún concepto debemos callar, ni aquí ni en Francia, ni en el Reino Unido, ni en Suecia, ni en el más recóndito rincón europeo. Cuando lo que está en juego no solo es la identidad o nuestra cultura, sino simplemente la vida y seguridad de nuestros propios hijos tenemos absolutamente todo el derecho a protestar y denunciar todas estas tropelías.


José Luis Morales