Editorial 12 de marzo de 2023
8 - M
Pasadas ya unas jornadas desde el famoso 8 de marzo, considero conveniente hacer algunas precisiones, máxime en esta España donde todo se malinterpreta y se tiende a etiquetar con la intención de llevar al escarnio público a quien no comulga con el sistema.
Declaraciones he escuchado decenas de ellas, la mayoría con muy poca enjundia. No me voy a extender acerca de las vergonzosas declaraciones de una tipa que a pesar de su cargo en el Ministerio de Igualdad (igualdad en lo chabacano y en la ignorancia) compartía los graves insultos de unas tontainas que deseaban la muerte a Abascal, líder de una formación política legal, Vox. Poco más que comentar, aunque también es de agradecer que sea la primera manifestación feminista donde reconocen de manera implícita que abortar es matar. Desde que surgiese dicho ministerio, lo cierto es que todo lo que hace, deshace, malgasta o legisla es profundamente criticable. La cuestión es no dar una a derechas, pero siempre para nuestra desgracia, con dinero de todos.
Si echa uno un vistazo a las declaraciones de la inmensa mayoría de manifestantes a pie de calle, más de lo mismo: lemas y mantras memorizados, frases hechas carentes de veracidad y de ingenio y los tópicos de siempre. Pregunten vds a esos mismos jóvenes cualquier cuestión de cultura general y entenderán de inmediato por qué son manejados con tamaña facilidad. Lo que resulta obvio y fuera de toda discusión, es el grado de politización que resulta de todo lo que gira en torno a una fecha, que debiera ser de todos por lo que representaba de inicio.
Si separas grano de paja en esos días, el sentido común y el razonamiento escasea. De entre todo lo que he escuchado me quedo con unos comentarios de Juan Antonio Llopart en las redes, en las que manifestaba, desde mi punto de vista muy acertadamente, la necesidad de diferenciar entre feminismo y hembrismo, al que define como una degeneración del feminismo, que domina el movimiento feminista actual y que ha terminado convertido en la otra cara del machismo.
Flaco favor hace este hembrismo al movimiento feminista y mucho menos, a las mujeres. A este respecto conviene también recordar que los perritos falderos del globalismo, entre los que están estos movimientos y asociaciones hembristas, buscan a toda costa dividirnos con el único fin de desviar la atención sobre los enemigos reales y ya puestos, vivir del cuento vía subvención creando problemas donde no los hay.
Carece pues de todo sentido entrar en el juego y contribuir a la perpetuación de este "conflicto" entre hombres y mujeres que en la práctica no es tal, azuzado, entre otras, por la denominada ideología de género que viene a determinar a todo hombre como un ser opresor y violento en potencia y a la mujer como la víctima del famoso heteropatriarcado.
Para nuestra asociación, hombres y mujeres combatimos en el mismo bando. El bando que representa al pueblo llano y que nada tiene que ver con una clase política a la que sus amos globalistas manejan a su antojo. No le faltaba razón a ese meme, que de manera jocosa, establecía que la verdadera barrera salarial está entre las mujeres de la cabecera de la manifestación y las que van detrás.
Hombres y mujeres tenemos que estar en el mismo bando, porque ambos somos víctimas de un sistema que nos está haciendo más esclavos. Pagar recibos, llenar la cesta de la compra, asumir el encarecimiento de los bienes más indispensables o llenar el depósito del coche nos es cada vez más difícil y eso es algo que no entiende de caracteres sexuales.
Hombres y mujeres tenemos que estar en el mismo bando, defendiendo una masculinidad y una feminidad que son absolutamente compatibles y protegiendo la familia como el núcleo básico sobre el que se asienta cualquier civilización y el derecho a la vida, que es el primero de nuestros derechos.
Hombres y mujeres tenemos que estar en el mismo bando para conseguir que se marche el gobierno, que entre otras canalladas, más violadores ha puesto en la calle poniendo en peligro a cientos de mujeres.
Hombres y mujeres tenemos que estar en el mismo bando en el que exijamos trabajos dignos y salarios justos para todos y una hacienda que no estrangule la creación de pequeñas y medianas empresas.
Hombres y mujeres tenemos que estar en el mismo bando, pidiendo más seguridad y una severidad ejemplarizante tanto para el violador como para el matón que machete en mano, se dedica a aterrorizar nuestros barrios, a nuestras hijas y a nuestros hijos.
En definitiva, hombres y mujeres tenemos que estar en el mismo bando por la sencilla razón de que somos quienes con nuestro trabajo y esfuerzo contribuimos a sostener lo poco que queda de una gran nación cuyos enemigos, los mismos que nos enfrentan, han convertido en un lugar irreconocible.
No quiero concluir el editorial, ahora que tanto se habla de memoria, sin hacer un reconocimiento público a mujeres como Mercedes Formica, Concha Espina o Mercedes Sanz- Bachiller, entre otras, grandes mujeres del siglo XX injustamente olvidadas por el feminismo de este régimen, sólo por el hecho de que pertenecieron al bando nacional. Siempre en el recuerdo.
José Luis Morales