21 de mayo de 2023

Sobre la Agenda 2030 

(otra vez)

"El transporte aéreo es un elemento esencial en nuestra sociedad, tanto para el turismo como para los negocios o para el transporte de mercancías. Pero, por desgracia, los aviones contaminan. Principalmente, emiten dióxido de carbono, que contribuye al calentamiento global. Por eso, es preciso replantearse la aviación, a fin de hacerla más sostenible".

Este párrafo no es una valoración mía, sino el ejemplo de un texto escolar para lectura, extraído de un libro de Educación Primaria en Aragón. Nada dicen los libros, por supuesto, de la falta de consenso científico en torno al consabido cambio climático ni por supuesto mencionan otros factores que influyen en el clima como pueda ser el efecto de la radiación solar o la actividad volcánica. Dicho de otro modo, culpan a la navegación aérea del cambio o aumento de la temperatura terrestre, pero planteado no como una hipótesis sino como un dogma. ¿Hacerla más sostenible? Típico eufemismo que esconde la erradicación de la aviación para la clase media.

En relación con este tema y por "casualidad", Unidas Podemos planteaba el 30 de marzo de este año, la prohibición de los vuelos para rutas que se puedan realizar en tren. Posteriormente, solicitarán la prohibición de viajar en vehículo cuando la ruta pueda realizarse en bicicleta. Y con el tiempo, solicitará la prohibición de viajar en bicicleta en trayectos que puedan hacerse en carreta tirada por asno, como antaño. Todo, con tal de no contaminar el planeta, es decir: todo por nuestro bien.

Por supuesto, Pedro Sánchez puede usar el avión cuando quiera. Las izquierdas, ya deberíamos saberlo, ni contaminan, ni mienten ni se corrompen. El que es un peligro para el planeta eres precisamente tú, europeo que te dedicas a trabajar y a ganarte la vida de manera honrada. Eres tú quien contamina y no la clase política ni la financiera. 

No es sino tu mera presencia planetaria la que supone un riesgo para todas las demás culturas. Son tus costumbres, hombre europeo, las que nos precipitan al abismo y ello justifica y justificará, por si aún no te has enterado, cualquier restricción a tus libertades, por "fascista".

El timo de la emergencia planetaria, no obstante, alcanza los rincones más inimaginables. Recordemos las famosas bolsas de plástico que debes abonar en caja para evitar que la dispensa gratuita afecte al clima. Según parece, si las pagas, el plástico sigue contaminando, pero como diría Zapatero, con otro talante. Aunque el summum de la hipocresía medioambiental lo alcanzan esas cumbres internacionales diseñadas para pensar en acciones benévolas con el planeta que, en realidad, para lo único que sirven, es para que el puterío local haga el agosto a costa del "calentamiento global" de determinadas braguetas, que por cierto, acuden todos en avión.

¿Es entonces verídica la preocupación de los editores de textos escolares y los representantes de determinados partidos por los efectos del clima sobre nuestras vidas? ¡Pues hombre! Si algo tendríamos que haber aprendido en los últimos años es a desconfiar del buenismo, ya que la inmensa mayoría de cosas o acontecimientos a los que asistimos en directo vía televisión no suceden porque sí, sino porque así lo han determinado otros de antemano.

Tal y como expresa Cristina Martín en su libro "Los dueños del planeta", desde que el mundo es mundo, solo unos pocos gobiernan sobre los demás, decidiendo cómo se debe vivir y pensar y actuando en función de sus intereses particulares. Esta y no otra es la razón por la que los gobernantes toman decisiones que afectan a la libertad de todos: simplemente por servidumbre, aparte de las que toman en beneficio propio como es la autosubvención a los partidos políticos que los aupan al poder.

Son estas imposiciones, disfrazadas a menudo de propuestas que podrían a priori resultar atractivas, como las que presenta la Agenda 2030, las que deberían hacernos reaccionar antes de que acabemos esclavizados lisa y llanamente por culpa de nuestra dejadez. Uno no tiene más que mirar programas de partidos políticos que se suponen diferentes y no encontrar apenas diferencias. En cuestiones como la llamada emergencia climática, la ideología de género, la ideología lgtbi, la ideología queer o la inmigración masiva extraeuropea, la inmensa mayoría de partidos vienen a decir prácticamente lo mismo. Las diferencias son irrisorias, lo queramos ver o no.

Las agendas globalistas son, por tanto, difundidas e implantadas a través de múltiples partidos a izquierda y derecha, por organizaciones supranacionales como la ONU, la UNESCO o la OTAN, libros de texto que hemos visto que en vez de explicar contenidos y promover un espíritu crítico, adoctrinan a nuestros hijos imponiendo su dogmatismo y por supuesto por toda una cuadrilla de grupos radicales como los woke y similares, a los que Jean-Yves Le Gallou define como "plagas ideológicas", dispuestos incluso a partirle literalmente la cabeza a quienes osan pensar por cuenta propia, como si tuviesen la obligación de cumplir con unos modernos "senatus consultum ultimum" promovidos por estas élites erigidas porque sí en los "patres conscripti" de todos.

O logramos derribar la Agenda 2030 desde diversos frentes o no habrá nada por lo que luchar una vez se impongan sus objetivos. Si, hay que tratar de desalojar de la Moncloa al profanador. Pero ese solo es un pequeño paso. La lucha, como tantas veces insistimos, no tiene que ser sólo una lucha política, sino básicamente cultural y con un amplio apoyo popular.


José Luis Morales