Editorial 27 Noviembre 2022
Ley de ¿Garantía? Integral de Libertad Sexual
No son pocas las veces en las que los medios de comunicación saltan al ruedo para sacar las castañas del fuego al gobierno. Lo que consiguen es desviar la atención de inmediato respecto a cualquier problema o metedura de pata que pueda ocasionar, convertido en noticia, un disgusto al ejecutivo.
A una simple señal, los medios se lanzan de manera descarada contra cualquiera que ose publicar lo que para dichos medios y sus mandamases se considera tabú. En lo que respecta a las redes, los partidos de izquierda cuentan incluso con auténticos profesionales del sectarismo más radical que acuden como buitres cuando asoma la cabeza cualquier señal de disidencia.
Lo hemos vuelto a ver estos días con la entrada en vigor de la Ley de Garantía Integral de Libertad Sexual, que es el nombre real de la famosa ley del sí o sí, que ha propiciado en la práctica rebajar penas a violadores. En seguida se desviaba la atención con las chorradas de turno: primero, con los cánticos machistas de los componentes de un equipo de rugby universitario y finalmente, por los comentarios de una diputada contra la ministra Montero.
Un amigo en redes, Carlos, al que no conozco en persona pero por quien siento un gran aprecio, escribía en su muro que si quieres acabar políticamente con tu adversario, nunca, nunca lo debes convertir en víctima con tus actos o palabras. Toda la razón del mundo. Máxime con quienes son auténticos profesionales del victimismo.
El problema, por mucho que traten de desviar la atención, es que una ministra ha metido la pata de manera flagrante. ¡Qué más da, en realidad, como llegase a dicho puesto! Lo que es indiscutible es que llegó a su particular poltrona dando lecciones de feminismo y ha terminado queriendo dar lecciones de derecho a magistrados de carrera y oposición. Todo, por querer legislar deprisa y corriendo para satisfacer no sabemos bien el qué. El resultado, tal y como hemos visto, solo ha beneficiado a decenas de delincuentes. "Mérito" suficiente para pedir su dimisión irrevocable. En realidad, cualquier sandez que sale de su boca, conllevaría el cese, como cuando recientemente soltó que los niños podían tener relaciones sexuales con quien les diese la gana.
Pero la cuestión de fondo no es el hecho de que una irresponsable llegue a convertir en legal cualquier despropósito. El problema es el cómo determinados personajes son capaces de entrar en política, vivir de ella y encima ocupar cargos de alta responsabilidad, tanto hombres como mujeres.
Cuanto más observamos la cantidad de arribistas, nulidades e incompetentes que terminan viviendo de la política, mayor es nuestra aversión hacia el sistema que lo permite. Algo habría que hacer para que el parlamentarismo dejase de ser el circo actual. Lo que no servirá de nada será quejarnos desde la comodidad de nuestro sofá.
En vez de ser cámaras de representantes con una formación detrás y una nobleza demostrada sobre los que depositar las riendas de una nación que debe mirar siempre hacia delante, se han convertido, salvo algunas excepciones, en el aparcamiento de toda clase de nulidades intelectuales que sabemos de antemano lo que van a votar las tropecientas veces que haga falta, porque desprovistos de cualquier atisbo de espirito crítico o de responsabilidad para con el votante, se deben única y exclusivamente a los dictados del cabecilla político que los ha metido en unas listas, cerradas por supuesto, para que así el control de las camarillas políticas sobre la masa de votantes sea total.
Pero me estoy desviando y no era esa mi intención inicial. Volviendo al caso concreto de la Ministra de Igualdad, Irene Montero, su vida personal es algo aquí meramente anecdótico. Lo que no tiene ningún sentido es que siga en ese cargo tras el esperpento de una ley, que como le recordaba la líder feminista Lidia Falcón, solo un ignorante no podía prever que en esa rebaja de penas que traía, las condenas anteriores no iban a ser revisadas en favor del condenado. ¿Jueces machistas? ¿Pero es que la ministra ni siquiera sabe que en España hay más juezas que jueces?
Que un ministerio como el de Igualdad, con el presupuesto desorbitado que maneja, con las campañas absurdas que plantea y con 170 asesores, según fuentes del Partido Feminista, que al menos de derecho ni tienen ni la más remota idea, solo sirva en definitiva, para reducir penas a violadores es para hacérselo mirar. Para este viaje, señora Montero, no hacían falta alforjas.
En conclusión, sobra dicho ministerio, carísimo y sin más utilidad que mantener a sus cargos y sobra dicha ministra por ser una absoluta incompetente, se pongan como se pongan los profesionales del victimismo.
José Luis Morales