6 de octubre de 2024
Exigimos fronteras seguras
Son varios los aspectos que nombra Marco Scatarzi en "Ser comunidad" cuando se refiere al concepto de patria: el patrimonio artístico, las costumbres, la memoria de los antepasados o la sangre derramada por sus mártires, entre otras. La lógica nos lleva a pensar que, en contraposición con lo destacado por Scatarzi, una sociedad como la actual, que ha desterrado y tirado por tierra valores otrora considerados irrenunciables y que fomenta la destrucción de todo aquello que tiende a sostener una determinada civilización, no puede terminar de otra forma más que sometida a la barbarie.
Por eso es fundamental que determinados valores: importancia de la fe, de la familia tradicional, respeto por la historia, defensa de la cultura autóctona, de la vida, el anhelo de justicia o la misma pertenencia a un territorio y el apego a las raíces deben ser defendidas como eje fundamental sobre la que se asiente una civilización que aspire a perdurar durante siglos.
Si quienes pertenecemos a organizaciones donde la patria es algo irrenunciable, no somos capaces de tender hacia lo que nos une e impregnar a nuestras organizaciones de unos principios y unas estrategias comunes, poco tendremos que hacer ante los dificilísimos retos actuales. En ese sentido, aspectos como la defensa de la patria y de la cristiandad deben ir ineludiblemente de la mano. Ya decía José Antonio Primo de Rivera, allá por los años treinta, que la interpretación católica de la vida era, en primer lugar, la verdadera, y además, históricamente la española.
Por dicha razón, sin unos principios sólidos y asentados en una gran parte de la sociedad, quienes rigen hoy en día los destinos de occidente serán capaces de moldear, todas las veces que quieran, la conciencia general de la masa.
Una de las principales estrategias que el mundo woke utiliza a su antojo para ese moldeo permanente, es la de colgarnos todo tipo de etiquetas a quienes no pensamos como ellos; o mejor dicho, a quienes simplemente pensamos, repitiéndolas como loritos a través del enorme despliegue de medios que ellos sí tienen a su servicio, por mucho que se autodefinan como "antisistema".
El objetivo de dichas etiquetas no es otro que el de cargarte con las consecuencias de todo lo negativo, anulándote como adversario o interlocutor y haciéndote sentir culpable de todo lo malo del mundo. O en palabras de Fernando Paz, inventando una serie de fobias con el fin de que interiorizemos nuestra culpabilidad y así ellos justifiquen esa permanente caza de brujas.
De esa forma, se incide por activa y por pasiva en que el hombre blanco europeo y heterosexual es absolutamente culpable de todos los males del mundo, algo que le incapacita incluso para tratar de defenderse a si mismo: racista, machista, homófobo, negacionista, culpable del racismo, de la violencia machista contra las mujeres, de la pobreza mundial, de las guerras actuales, del apocalipsis planetario y por supuesto, de las muertes de seres humanos en el Mediterráneo.
Respecto a todas las tragedias acontecidas en el Mare Nostrum, como la sucedida hace unos días, lo increíble es que todavía haya gente que no sea capaz de ver e interpretar la realidad y la verdadera responsabilidad de dichas muertes.
En ese sentido y conectando con lo expuesto anteriormente, nada debe hacernos sentir culpables de los inmigrantes fallecidos en el mar, a quienes nos oponemos tajantemente a su llegada. Son las mafias que los embarcan, no precisamente por un módico precio, y la legislación buenista de España y la UE, fomentando continuos efectos llamada, los principales responsables de todas esas muertes, invitándoles a poner en riesgo su vida, desde el momento en que premian, a quienes llegan, con la posibilidad de dejarles en suelo europeo acompañados ipso facto de toda clase de beneficios.
Por supuesto, al margen del programa de sustitución demográfica que esto conlleva, la inmigración es un monumental negocio para unos cuantos listos que se lucran de toda esta miseria.
Ya de por sí resulta curioso que, siempre o casi siempre, haya un barco de "rescate" cerca de una patera a la deriva, pero nunca embarcación policial alguna que detenga a los negreros que operan en el mar, así que no hace falta pensar mucho para resolver la ecuación: los inmigrantes pagan una alta suma, las mafias los embarcan, las ONGs acuden a la llamada y las autoridades los reparten completando así todo el ciclo. Si todo fuese una cuestión de salvamento y de rescate, las embarcaciones de Soros los depositarían en el puerto seguro más cercano, evitando dar un enorme rodeo para traerlos a territorio europeo. Como obviamente no es así, el verdadero interés de esta llegada masiva de inmigrantes no es entonces una cuestión de "humanidad" sino que se trata de otra cosa.
En pocos ejemplos se ve más nítido que esto supone un negocio, como es en el tratamiento que se da a los llamados menores. ¿Alguien se imagina que un grupo de menores de edad españoles, italianos o franceses apareciesen en otra parte de Europa y las autoridades competentes no se pusiesen de inmediato en contacto con los padres o familiares más cercanos con el fin de devolverlos a sus familias a la mayor brevedad posible?
Si esto sería lo lógico a ojos de todos ¿Por qué la UE no tiene el más mínimo interés en qué dichos menores encuentren a sus familias si se trata de africanos? ¿Hay algún otro argumento sensato que justifique este reparto de menores, en vez de contactar con sus familiares, que no sea porque supone un suculento negocio? ¿Abriremos los ojos los europeos de una vez?
José Luis Morales