Editorial 9 de octubre de 2022

Ley de Memoria Democrática

Tal y como nos temíamos, el pleno del Senado aprobaba esta semana la llamada Ley de Memoria Democrática dando por finiquitado el espíritu de reconciliación sobre el que se basaba el advenimiento del régimen del 78, como nos contaban entonces en la Transición.

No es por ello la primera vez que manifestamos que dicho régimen, que sigue imperando a día de hoy, nunca ha sido solución para nada, sino precisamente el origen del problema, a tenor del descomunal poder que se otorgó a los partidos políticos y a las autonomías, que son los dos principales pilares sobre los que se asienta la división de los españoles o la concesión de la jefatura del estado a un monarca al cual curiosamente no se le permite ni defenderse a sí mismo.

El gobierno de Sánchez y los partidos que lo mantienen, aprueban dicha ley obedeciendo, eso sí, a un doble objetivo: tapar una gestión desastrosa que solo pueden defender con mentiras y sobre todo, intentar reescribir nuestra historia a partir de un sectarismo y revanchismo fuera de todo lugar. Prueba de ello es la intención de continuar profanando tumbas, que es la manera más vil de ensañarse frente a un enemigo que lógicamente carece de herramientas para defenderse. Si alguien creía que el problema era Franco, buen momento es el actual para que abra los ojos de una vez. Esta vez pretenden profanar la tumba de Queipo de Llano y del fundador de Falange Española, José Antonio Primo de Rivera, a quien en su momento asesinaron tras una farsa de juicio. Si se les deja, no quedará ahí la cosa. Mañana podrán ser los Reyes Católicos, las víctimas de ETA, o los mismísimos reyes de la Corona de Aragón si a estos sectarios guiados por el odio se les antoja.

No debemos perder de vista un detalle. Cuando un régimen, el que sea, por muy democrático que se defina, necesita legislar con el fin de prohibir cualquier versión distinta a la oficial sobre un hecho histórico, lo único que hace es manifestar su miedo a la verdad.

Dicho de otro modo, si con esa ley, no se permite investigar ni opinar sobre un acontecimiento bajo gravísimas sanciones y se impone desde el poder una sola versión de manera dogmática cercenando cualquier investigación independiente, está claro que se trata no solo de coartar gravemente la libertad de expresión sino también de proteger algo cuando menos dudoso, o incluso una simple mentira. La prueba la tenemos en que ningún país de los llamados democráticos necesita prohibir por ley ninguna opinión favorable a la planitud del planeta aunque existan dichas opiniones, simple y llanamente porque la verdad, si se le deja, se defiende sola.

Recientemente contamos en Zaragoza con la presencia de Jorge García-Contell presentando su libro: "Cartas boca arriba. La subversión de la democracia 1931-1936" en el que denuncia con datos abrumadores el carácter absolutamente antidemocrático de la Segunda República ensalzada por esta Ley de Memoria Democrática, comenzando con el advenimiento de la misma de manera nada pacífica y culminando con el pucherazo del 36 y posterior asesinato de Calvo Sotelo.

¿Han dedicado alguna vez unos minutos a echar un vistazo a cualquier libro de historia si tienen hijos en edad escolar o en instituto? Entenderán muchas cosas con ello. En el libro de Ciencias Sociales de 6° de Primaria de la editorial Santillana se define a la Segunda República como un "tiempo de reformas" donde se destaca la Reforma Agraria, la Reforma Educativa y la Reforma Laboral. Ni una sola palabra dedicada a la inexistencia de un referéndum que legitimase tal régimen, ni al estalinismo defendido por socialistas y comunistas, ni a los incendios de iglesias y conventos ante la pasividad del gobierno republicano, ni a los crímenes cometidos en Asturias por una insurrección de las izquierdas tras no aceptar su derrota en las urnas o al vergonzoso asesinato de Calvo Sotelo que no fue sino un verdadero crimen de Estado. ¿Vamos entendiendo que es precisamente en las aulas donde estamos comenzando a perder esta y otras batallas?

En 1976, el historiador y periodista francés Jean Descola, pública su ensayo "Oh, España" con numerosos testimonios de personalidades de ambos bandos. Encontramos en dicho ensayo unas líneas completamente significativas y demoledoras: "He aquí unas cifras que impresionan: del 16 de febrero de 1936 al 15 de junio del mismo año se han registrado 161 incendios de iglesias, 213 atentados y 146 bombas. Los muertos han alcanzado el número de 269 y los heridos el de 1.287"

Finalizaré el editorial de hoy haciendo mías unas palabras de Jordi Garriga con las que estoy completamente de acuerdo y que resumen muy bien el espíritu que impregna nuestra asociación: "Mi única Memoria es que todos somos españoles más allá de nuestras diferencias ideológicas. O nos salvamos juntos o nos condenarán a todos por separado, esclavizados bajo la dictadura globalista". Simple, conciso y certero.


José Luis Morales