4 de febrero de 2024
Ecolojetas
(y otras faunas)
En el prólogo del libro de Fernando Vaquero "De ETA a EH Bildu", su prologuista, Pedro Fernández Barbadillo, manifiesta que "la vida humana cada vez vale menos, consecuencia de la religión ecologista que considera a las personas virus que manchan un planeta impoluto". No es desde luego, la primera vez que alguien define el ecologismo actual como una religión con todos los dogmas que ello conlleva.
Se preguntarán vds qué tendrá que ver el ecologismo con el terrorismo. A simple vista, poco. Pero existen determinados condicionantes y manifestaciones en ciertos grupos ecologistas actuales que nos recuerdan los orígenes del terrorismo en su versión separatista, algo a lo que me referiré a posteriori.
Es verdad que me gusta más bien poco, ese término tan manoseado como es el de ecologista. Prefiero inequívocamente referirme como algo loable, a la defensa y el amor por la naturaleza. En lo que respecta a la defensa de la misma, es obvio que abogamos por la protección de nuestros bosques, ríos, montes y todo nuestro entorno,
aunque si concretamos un poco más, encontraremos importantes puntos de desencuentro con estos grupos ecologistas, que son los primeros responsables en impedir que los bosques se limpien cada año para evitar que en verano prendan con facilidad consecuencia del combustible acumulado. Eso por no mencionar la vergonzosa destrucción de presas o la manipulación que se está haciendo de la misma meteorología que es algo reconocido por la propia Aemet.
Recientemente dos "ecologistas" lanzaron sopa sobre el famosísimo lienzo de Leonardo da Vinci, "La Gioconda" que por fortuna se hallaba protegida. Los medios de comunicación comenzaron patinando desde el momento en que calificaron a dichos individuos como "activistas". Se nos ocurren apelativos más contundentes, desde luego. Los autores de tal ataque, lo justificaron en pos de la reivindicación de una alimentación sana y sostenible. No ha sido el primer ataque a un museo ni por lo que parece, tampoco será el último.
Así, a bote pronto, a uno le surgen muchas dudas sobre la curiosa facilidad unida con cierta permisividad en los museos en torno a la comisión de todo este tipo de ataques. Por supuesto contaban con las cámaras allí presentes para inmortalizar dicha acción. El propósito parece claro: una acción con una determinada pero impactante puesta en escena, destinada a agitar conciencias sobre lo que está pasando con el planeta.
Y es aquí donde llegamos al quid de la cuestión. ¿Qué está pasando en el planeta? Pues sencillamente nada diferente ni mucho menos alarmante que lo que viene sucediendo durante milenios, que es una unidad de tiempo más ajustada a cualquier fenómeno de importancia acontecido sobre el planeta que las usadas por los medios, absurdamente cortoplacistas, que es, a la postre, como si para hablar de distancias entre países usasen como unidad de medida el milímetro.
En ese sentido y hablando ya en nombre de nuestra asociación, con el tema del medio ambiente y el consabido cambio climático, entendemos que nuestro papel no es repartir alabanzas o condenas de manera generalizada, sino tratar de informar en nuestra justa medida y acorde a nuestras posibilidades, proporcionando a la sociedad las herramientas útiles y necesarias para que pueda formarse una opinión razonable, lejos de tanta histeria y del aborregamiento general propiciado por todo este tipo de campañas impactantes.
Por ello recomendamos a todos el libro "Premoniciones. Cuando la alerta climática lo justifica todo" de Alfonso Tarancón y Javier del Valle, que ya presentamos en su día, un análisis científico y certero sobre todo lo que gira alrededor de todo este monumental negocio sobre el clima basado en este alarmismo injustificado. En consonancia con lo expuesto en dicho libro, no somos negacionistas del cambio climático ya que entendemos que dichos conceptos, cambio y clima están estrechamente unidos desde el origen de los tiempos. Lo que negamos es el discurso oficial sobre el cambio climático y nuestra oposición firme y confesa frente a la denominada emergencia climática que tratan de imponernos, por la via del miedo, de la censura y del saqueo a nuestros bolsillos.
Denunciamos asimismo el continuo adoctrinamiento que sobre este tema se está imponiendo en la enseñanza, cercenando cualquier espíritu crítico que ose llevar la contraria a dicha versión oficial. Inculcar en la plasticidad de mentes como las infantiles la idea de que estamos cercanos al Apocalipsis por culpa de las formas de vida únicamente de los europeos es mentir como bellacos. Y es aquí cuando conecto nuevamente con el primer párrafo donde hablaba sobre terrorismo. Si mediante el medio y la fanatización de la sociedad, permites a determinados tipos cualquier barbaridad amparada o justificada por un fin como el de salvar, nada más y nada menos, que al planeta, en nada comenzaremos a sufrir el terrorismo ecologista en nuestras carnes en cuanto encuentren a alguien que les financie y les proteja.
¿Exageración? No tengo más que recordar que el asesinato, la extorsión, los atentados indiscriminados y la ausencia total de empatía de los verdugos terroristas y su entorno con las víctimas es algo que ocurría hace casi cuatro días en determinados territorios de nuestra nación, no como una cosa del tercer mundo.
Si inculcas en la población desde pequeños, que sus vidas están en verdadero peligro porque determinadas actitudes irresponsables se están cargando el planeta, hoy lanzarán sopa contra un cuadro, mañana arrojarán ácido, pasado mañana le pegarán fuego al museo en su totalidad y el paso siguiente será la irrupción de un terrorismo ecologista que se quiera erigir en salvadores del planeta a costa de cargarse a quien se ponga en su camino, exactamente igual que hizo en su momento el terrorismo anarquista, el marxista, el separatista-comunista y el yijadista. Está claro que no hay más ciego que quien no quiere ver.
José Luis Morales