22 de octubre de 2023

Zaragoza y cristiandad

Tal y como marca la tradición cada 12 de octubre en Zaragoza, fueron miles los oferentes que participaron en la Ofrenda de flores a la Virgen del Pilar, ofrenda que constituye el acto central de nuestras fiestas y que cada vez convoca a más participantes y público. Cada año que se va sumando al calendario, con la excepción del consabido parón covidiano, el número de asistentes bate un nuevo récord y son muchas las horas en las que los zaragozanos y muchos visitantes, de todas las edades y de varias nacionalidades, pasan haciendo una interminable fila para terminar depositando el ramo correspondiente. En definitiva, una gran fiesta para los zaragozanos, los aragoneses, los españoles, los pueblos hispanoamericanos y todas aquellas culturas vinculadas a la cristiandad, que puebla nuestras calles de tradición y colorido, y que nos llena plenamente de orgullo a quienes hemos nacido a orillas del Ebro.

Es de suponer que todos aquellos que anhelan unas fiestas sin ningún tipo de vinculación católica y que abogan por una separación radical entre lo público y lo religioso, sufran ese y otros días, alteraciones en su organismo. ¡Qué le vamos a hacer! La tradición es la que es y por mucho que se empeñen en querer echar mierda sobre nuestras más sagradas tradiciones, la libertad de culto sigue siendo un derecho. Curiosamente son los mismos a los que nunca les parece mal incluir en la escuela pública aspectos vinculados a la religión islámica como el consumo de determinado tipo de menús.

Por esta razón, para una asociación como la nuestra, surgida ya hace unos años precisamente en Zaragoza, la defensa de unos determinados principios, la vinculación con la fé católica y la defensa de las tradiciones van intrínsecamente unidas. Amadeo A. Valladares, gran hispanista y conocedor de nuestra asociación, ya nos indica en su libro "España, de reserva espiritual a albañal de Europa" que la aparición de la Virgen a Santiago en nuestra ciudad, supuso, desde ese preciso momento, que la suerte de España quedaría vinculada inexorablemente a la de la Iglesia. 

Determinados momentos históricos así lo atestiguan tales como la Reconquista, la conversión de Recaredo, el espaldarazo otorgado por Isabel la Católica a la empresa del Descubrimiento o sin ir más lejos, la sublevación de un pueblo entero, civiles y militares, frente a la ocupación e imposición napoleónica en el que de nuevo nuestra querida ciudad, tuvo un importante papel con sus famosos Sitios y la heroicidad de sus defensores.

Justo es también recordar que esa defensa que España ha hecho de la cruz en no pocas ocasiones, rara vez se ha visto reconocida en su justa medida por el Vaticano. No hay más que escuchar como el actual Papa Francisco, se empeña en hacer suyo ese discurso indigenista, repitiendo como un papagayo las necias consignas estrechamente vinculadas a la Leyenda Negra, acusando a los españoles de haber cometido toda clase de abusos cuando la diferencia entre el trato dado por España a las tierras descubiertas no guarda la más mínima similitud con la rapiña y el exterminio emprendido por holandeses o ingleses allá donde plantaron su bandera. Habría que recordarle al Papa que si a día de hoy, un argentino se sienta en la silla de San Pedro es única y exclusivamente por la evangelización que España llevó al otro lado del océano, le guste o no.

Tamaña tarea como es la defensa de estos principios y la defensa de la cristiandad no está pensada para corazones débiles y almas pusilánimes. Solo con una voluntad inquebrantable puede llegar a defenderse en esta sociedad podrida hasta el tuétano. En ese sentido, hemos de tener siempre presente aquellas palabras de José Antonio Primo de Rivera cuando decía que "la vida no vale la pena si no es para quemarla en el servicio de una empresa grande". Pero lo cierto es que, desgraciadamente, uno observa la deriva de la sociedad actual y es materialmente muy difícil no caer en la melancolía y desazón ante el papel irrisorio de España en el mundo actual y el relativismo moral imperante.

Queda mucho por hacer, máxime si pensamos en todas y cada una de las amenazas que la tiranía globalista nos está imponiendo, así que son muchas las trincheras en las que nos toca y tocará batirnos. Uno de los principales valores que el globalismo se empeña en destruir es todo lo concerniente a la familia tradicional, verdadero núcleo sobre el que debe girar cualquier modelo de sociedad sana que aspire a mejorar las cosas y a perpetuarse en el tiempo. Ya en su época decía el gran Chesterton que "quienes hablan contra la familia no saben lo que hacen, porque no saben lo que deshacen".

El próximo viernes contaremos en Zaragoza con la presencia de Alicia V. Rubio quien presentará su libro "Y os utilizaron por ser niños" que trata sobre el adoctrinamiento y la desprotección que sufren en la actualidad muchos menores. Para la autora, no cabe la menor duda de que la verdadera finalidad de esa obsesión de determinados movimientos con el adoctrinamiento de los niños y su iniciación en la sexualidad, no es otra sino conseguir la completa legalización de la pederastia. En otras palabras, que las acciones que llevan a cabo determinados movimientos antifamilia no son más que la enésima ventana de Overton encaminada a querer convencernos con el tiempo de algo, que de sopetón nos haría vomitar a casi todos.

Así que si dicha aseveración nos parece muy aventurada y más propia de movimientos conspiranoicos, no tenemos más que acudir a la hemeroteca. En ese sentido, Holanda o tal y como se le denomina ahora, Países Bajos, ya legalizó en 2006 un partido político, el PNVD (Partido del Amor Fraternal, la Libertad y la Diversidad) que pretende la legalización de la pederastia, incluyendo en su asqueroso programa, la rebaja de la edad de consentimiento sexual a los 12 años, la legalización de la posesión de pornografía infantil y la despenalización de la zoofilia. Aquí estamos todavía a tiempo de actuar para impedirlo. El futuro de nuestros hijos va en ello.


José Luis Morales