Editorial 19 de marzo de 2023

Capitalismo y globalismo

Justo en un momento en el que negros nubarrones se ciernen sobre la banca y en consecuencia, sobre el sistema económico mundial, algo que está generando una peligrosa incertidumbre, el mayor centro inversor del mundo, Black Rock, ha reforzado su posición en dos de los principales bancos de España: BBVA y Banco de Santander.

No es una noticia que debamos tomar a la ligera ni de manera aislada. Lo que resulta de dicha operación para el español de a pie es que cada vez un mayor porcentaje de nuestro dinero y de nuestros ahorros, se halla en manos de un capital financiero internacional caracterizado por una voracidad brutal cuyos intereses no guardan, ni por asomo, ningún tipo de relación con los intereses de España.

De hecho, la voracidad del fondo que gestiona Larry Fink así como el de otros entes financieros similares, no se remite simplemente a una cuestión bancaria. Como ejemplo, baste mencionar que Black Rock cuenta con una participacion importante en grandes empresas españolas como Acerinox, Ferrovial, Repsol o Iberdrola. Lo de "españolas" es una manera de hablar ya que desgraciadamente, sabemos que no es real.

Dicho en otras palabras: nada es ajeno al interés y a la codicia de determinados grupos que ya controlan una gran parte del capital mundial así como centenares de medios de comunicación, fuentes de bienes tan básicos como la energía, las grandes empresas y en definitiva, casi el mundo entero, cada vez más en manos de unas pocas personas a las que nadie hemos elegido porque lógicamente también se han encargado de no preguntarnos.

Pronto comenzará la primera de las campañas electorales de este año electoral. Resulta por ello imperativo insistir en que es imprescindible que entendamos como manejan los hilos determinadas élites financieras para las cuales la gran mayoría de políticos que concurren en listas electorales son meras marionetas en sus manos, aunque en el teatrillo parlamentario que nos escenifican, parezcan lo que no son.

Conviene pues reiterar que el principal y mayor objetivo del patriotismo en este siglo XXI no es sino hacer frente a las imposiciones de este globalismo totalitario. Sin soberanía política, no existe soberanía económica ni soberanía popular, ya que dicha tiranía nos impide tomar decisiones en todo aquello que nos afecta, incluido nuestro bolsillo.

Hemos insistido en decenas de artículos, por activa y por pasiva, que el principal ariete que usa el globalismo hoy en día, es la llamada Agenda 2030, una verdadera imposición a todos los niveles cuyo fin es conseguir subordinar a todas las naciones, cercenando nuestras libertades, pero magistralmente inculcada en escuelas y demás centros de enseñanza aprovechando la plasticidad de los escolares.

De hecho, la nueva ley educativa, la LOMLOE, ya contempla en su preámbulo, la imposición de esta Agenda sin ruborizarse en absoluto. ¿Y qué dicen la mayoría de docentes contra esta imposición e intromisión en su labor? Pues lo de siempre: ni están ni se les espera.

Todo aquel que se considera patriota no puede permitir de ningún modo, colaborar con un trágala semejante, máxime si somos conscientes de que la primera consecuencia es, tal y como lo expresa el coronel Pedro Baños, un aplanamiento de la sociedad y una normalización del silencio, que no actúan sino como los cooperadores necesarios para la imposición de la tiranía.

Por ello es fundamental la defensa de nuestra independencia y soberanía nacional. Sin ella, nuestra voluntad y opinión no valen un céntimo, diga lo que diga cada parlamento, ayuntamiento o gobierno de cualquier color. Pero también tenemos que hacerlo vinculando está lucha con la defensa de nuestra libertad, acosada a diario por la enésima sandez surgida de cerebros podridos de odio, que con la excusa de visibilizar a determinados colectivos a los que usa el globalismo de manera descarada, están terminando por invisibilizar todo lo que el sentido común ha determinado siempre como normal. Sí, normal, le pese a quien le pese.

Creo conveniente en este punto, recuperar algunas de las ideas que José Alsina cita en su libro "El Hispanismo como Cuarta Teoría Política" cuando aboga por la unificación o unidad de acción de todos los movimientos o grupos que encarnan el patriotismo opuesto a un liberalismo metido hasta el tuétano en el globalismo y buscar nuestra base militante entre los colectivos que sufren principalmente estas imposiciones globalistas.

O nos ponemos las pilas en este sentido o no quedará nada de lo que poder sentirnos orgullosos. Dejémonos de personalismos, egocentrismos, purismos y todo aquello que nos impide una unidad de acción contra el enemigo común.


José Luis Morales